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EL COCIDO es un manjar de reyes y cardenales,
de engolados y de “Aldonzas”, de albañiles y cabales.
El cocido es en Madrid base de nuestros ancestros,
aristocrático y pobre, todos lo cantan queriéndolo.
Es plato único en tres, es lujo de la cocina,
nadie se resiste a el.
Adafina fue su origen de manos de algún judío,
luego el cristiano le puso el tocino y los chorizos
y el labrador le añadió la verdurita que quiso.
Primero se llamó olla y después pasó a puchero.
El agua y los gabrielitos son la pauta del invento.
Agua fina de Madrid, poca cal y mucho aliento.
El garbanzo que plantara Asdrúbal por estos predios,
y le daba a sus soldados fósforo, potasio y hierro.
Siglos XV y XVI afinaron el ungüento y allá por el XVII
se hace cita de poetas, escritores y talentos...
Entra en palacio este plato con campanillas y fiestas
y así sigue el XVIII: servido en las grandes mesas
y de él dijo Casanova que un afrodisiaco era.
El pueblo también conoce los sabores del puchero
y dentro del XIX se hace castizo este esmero que se
cuela en los sainetes con muchísimo salero. Cocidito de
las doce que se come en “to Madrí” y “to Madrí” huele a
gloria porque sí.
En la taberna o la fonda se preparan de primera como
los que hoy ofrece el de la “Seña Daniela”.
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